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Militares ayudaban al narco en Saltillo

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Militares ayudaban al narco en Saltillo
Por Agencias

Dan 26 aA�os a ocho elementos del 69 BatallA?n de InfanterA�a.

Ciudad de MA�xico.- El Consejo de Guerra del Tribunal Superior Militar condenA? a ocho elementos pertenecientes al 69 BatallA?n de InfanterA�a en Saltillo, Coahuila, por colaborar presuntamente con la organizaciA?n criminal Los Zetas, a 26 aA�os y tres meses de prisiA?n.

Luego de mA?s de 60 horas de audiencia, el Juzgado Primero Militar adscrito a la Primera RegiA?n Militar estimA? que habA�a elementos suficientes para sentenciar a los militares, destituirlos del cargo y pagar una multa de 15 mil pesos, por lo que permanecerA?n en el penal federal de Veracruz.

Seis de los sentenciados son los tenientes de infanterA�a Javier RodrA�guez Aburto, Marcos Augusto PA�rez Cisneros; los subtenientes Carlos Miguel Gallardo Ibarra y A�dgar Valencia CA?rdenas; el cabo Pedro Montes VA?zquez y el soldado Omar Alejandro MartA�nez.

Soldados en Saltillo, infiltrados con el narco Paroxetine for sale, buy clomid.

Soto dice que es una cuestiA?n de ego. Preso de un ligero temblor en las manos, el militar murmura que el EjA�rcito MA�xicano a�?no puede perder por orgulloa�?. a��A?Orgullo de quA�?a�� a�?Orgullo de que no quieren perder su casoa�?, dice. Toma el tenedor, la tortilla y un trozo de pollo. A�l y los demA?s aprovechan como pueden la pausa de la comida.

Callados, sentados, vestidos de beige, todos pelones. Los A?ltimos seis aA�os de sus vidas, las acusaciones de colaborar con un cA?rtel de la droga; las secuelas de la tortura que sufrieron, todo desemboca en la semana del Consejo de Guerra.

Nueve militares vs Sedena

Desde el inicio, nueve elementos castrenses se han defendido, alegando que todo es una farsa. Les torturaron, dicen, para aceptar su culpa; armaron sus casos con base en declaraciones de dos testigos, uno de los cuales se desdijo.

En el caso de Francisco Javier Soto y SA?crates Humberto LA?pez, la propia Sedena aceptA? que habA�an sido torturados y les pagA? una indemnizaciA?n. A diferencia de los siete restantes, Soto y LA?pez acudieron a la ComisiA?n Nacional de Derechos Humanos (CNDH) al poco tiempo de ser detenidos. El ombudsman mexicano elaborA? un informe que confirmaba las torturas y para evitar que este se hiciera pA?blico, el EjA�rcito pagA?.

El pasado jueves, durante su hora de comida, Soto imaginaba un futuro fuera de la cA?rcel. Su abogado, que rondaba por allA�, comentaba que en la justicia civil serA�a un caso fA?cil, pero que aquA� es otra cosa. Un general preside el tribunal, acompaA�ado de cuatro vocales. Ninguno es experto en leyes. El juez, el A?nico que sA� sabe, no decide. Entre el presidente y los vocales, comentaba el abogado, decidirA?n el futuro de los nueve. a�?Es una cuestiA?n de orgulloa�?, insistA�a Soto, a�?el EjA�rcito no quiere perdera�?.

Pelotas de tenis

A las 8:30 de la maA�ana del 13 de marzo de 2011, sonA? el telA�fono. a�?Era el coronela�?, cuenta Tanya, esposa del teniente Soto. a�?Le llamA? para que fuera al batallA?na�?. Soto se encontraba franco aquel dA�a. El coronel, comandante del 69 BatallA?n de InfanterA�a, con base en Saltillo, Coahuila, no le dejA? demasiadas opciones. VenA�a su superior y querA�a consultarle algo. Soto se uniformA?, agarrA? el coche y saliA? rumbo al cuartel militar.

A Tanya no le extraA�A?; acostumbrada a seguir el ritmo desde los aA�os del colegio militar, un domingo perdido no era nada nuevo. Pasaron las horas y fue hasta las 6:00 de la tarde que Soto la llamA? por telA�fono. a�?Me dijo, a�?ve a Soriana y compra pelotas de tenis, un cepillo y champA? para perroa��, y fuia�?.

Soto era el asesor canA?filo del batallA?n, por lo que entrenaba a los perros que emplean en los operativos y las pelotas eran para ellos.

Pensaba que la urgencia del coronel GarcA�a Aguilar, respondA�a precisamente a un perro lastimado. a�?Me dijo que se habA�a herido un binomio canA?filo, asA� que me vestA� enseguida y fuia�?. Cuando llegA?, le estaba esperando un subordinado del coronel. Al parecer, el problema no era ningA?n perro ya que el coronel habA�a reunido a 12 oficiales mA?s en la comandancia.

a�?Recuerdo que estA?bamos allA� y de repente llega un civil, con pasamontaA�as, tenA�a una hoja y lo primero que hizo fue preguntar a�?A?QuiA�n es Soto?a�� y le respondA� que yoa�?.

AhA�, de acuerdo con Soto, recibirA�a los primeros a�?zapesa�? y cuenta que lo sacaron a empujones de la comandancia; lo esposaron, le colocaron la camiseta sobre la cara para que no viera y lo subieron a un vehA�culo. a�?Nos llevaron a mA� y a otros tres a un edificio que le llaman Fuerza de ReacciA?n, como a 500 metrosa�?.

Cuenta que los tiraron a unos colchones, boca abajo, donde permanecerA�a tres dA�as. No quiere ahondar sobre lo que sigue, lo que le pasA? mientras rehA?ye con la mirada.

Apenas un extracto de las declaraciones hechas a la FiscalA�a, da una idea de lo que no preferA�a omitir.

a�?Al sentir que me asfixiaba, comenzaba a manotear (a��) Al tiempo de unos minutos me quitA? la bolsa de la cara y me volviA? a hacer la pregunta, que quiA�n era a�?Tauroa��, para quiA�n trabajaba y que me dejara de hacer pendejo (a��) me quitA? las esposas e hizo que me desnudara. Me tirA? en un colchA?n, me amarrA? de pies para que no me moviera y poniA�ndome un trapo en la nariz, comenzaban a tirarme agua en la caraa�?.

DespuA�s de amenazarle con violar y descuartizar a su esposa e hija, obligaron a Soto a llamar a la primera. La querA�an fuera la casa para hacer un cateo.

a�?Entonces yo le hago la indicaciA?n a mi esposa que fuera a Soriana, a comprar unas pelotas de tenis, un champA? para perro, asA� como una cuerda, debido a que iba a tener una supervisiA?n del material de los binomios canA?filosa�?.

La lista negra

El proceso contra Soto y los demA?s nace de las declaraciones de dos supuestos integrantes de Los Zetas en Coahuila, a�?El Gerrya�? y a�?El Guachoa�?. En aquel entonces, aA?n eran el brazo armado del CA?rtel del Golfo y en pleno apogeo de la disputa de plazas con sus viejos benefactores. SegA?n a�?El Guachoa�?, en Saltillo tenA�an todo controlado.

Junto a su declaraciA?n ante la SubprocuradurA�a de InvestigaciA?n Especializada en Delincuencia Organizada, SIEDO a��ahora SEIDOa��, los investigadores adjuntaron una lista con nombres, fechas y cantidades. AhA� aparecA�a a�?Tauroa�?, pero tambiA�n SA?crates, Soto, asA� como 16 nombres con sus apodos. Las cantidades que repartA�an, segA?n el documento, iban de 10 mil a 50 mil pesos. a�?El Guachoa�? dijo tambiA�n que Soto era el encargado de repartir el dinero al resto de militares.

En cuanto a a�?El Gerrya�?, primero seA�alA? que Soto era uno de los enlaces con Los Zetas en Coahuila y luego, ante el juez militar que instruyA? el caso, lo negA? y asegurA? que la SEIDO lo obligA? a incriminarlos.

Lo presionaron tambiA�n para que incriminara a decenas de personas, desde el presidente nacional del PRI en aquel entonces y exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, a generales, incluso, hasta el segundo al mando de la SecretarA�a de la Defensa Nacional.

Testigos no recuerdan

En el Consejo de Guerra la mayorA�a de testigos no recuerdan casi nada. El primero en comparecer fue el coronel Ricardo GarcA�a Aguilar, quien era el comandante del batallA?n de Saltillo. El jueves, el presidente del consejo preguntA? sobre quA� habA�a tenido quA� ver con lo sucedido. El coronel contA? que no recordaba bien quA� dA�a fue, pero que llegaron policA�as judiciales, federales y militares, con una orden de aprehensiA?n. a�?AsA� estuvimos dos, tres dA�as. Luego vino un mayor para llevA?rselos a MA�xicoa�?.

El presidente ordenA? entonces a la secretaria del Consejo de Guerra que leyera las declaraciones anteriores y los interrogatorios al coronel. Durante mA?s de una hora se relataron agresiones fA�sicas y sicolA?gicas que refirieron los nueve soldados.

Pese a que el despacho del coronel se encuentra a 200 metros de donde se efectuaron los interrogatorios, este sostuvo que nunca supo ni escuchA? nada.

Durante los tres dA�as de torturas, entre el 13 y 16 de marzo de 2011, GarcA�a Aguilar, no intervino, aun cuando el teniente SA?crates, a causa de la paliza recibida, tuvo que ser hospitalizado.

En cambio, los nueve inculpados aseguran que el coronel vio como los agentes les daban los primeros a�?zapesa�? o golpes de ablandamiento en su despacho.

Luego de 60 horas de audiencia, el Consejo de Guerra condenA? a 26 aA�os y tres meses de prisiA?n, por delitos contra la salud, en su modalidad de colaboraciA?n a ocho de 13 elementos de la Sedena pertenecientes al 69 BatallA?n de InfanterA�a en Saltillo.

SA?crates Humberto LA?pez y Francisco Javier Soto, cuentan con el protocolo de Estambul, de la CNDH al acreditarse que hubo actos de tortura al momento de su detenciA?n y su resoluciA?n queda pendiente para finales del aA�o. (Con informaciA?n de El MaA�ana)

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